Hace seis años entrevisté a Pablo Iglesias y le pregunté si tenía algún sueño recurrente. “Sueño que vuelo”, dijo, y añadió que para el psicoanálisis significa falta de libertad. De los sueños siempre salimos bien parados, porque una rara interdicción sustrae su relato, pero cuando permanecen migas, interfieren en la vigilia. La autorrepresentación onírica de Iglesias surcando el cielo coincidía con su ansia real de golpear la arquitectura acristalada que separa a los banqueros de los jubilados. Y cuestionaba la libertad entendida como privilegio. Entonces me vino aquella frase de Hölderlin en Hyperion : “El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona”. Y no porque un doctor en derecho, que ha escuchado las clases magistrales de Agamben y su vida nuda, o Zizek y la represión de lo simbólico, pensara con indigencia. Sino porque su paso de fajador frente a la pirámide del poder le obligaría a volar a ras del suelo. No había más que ver la expectación el día de la entrevista: ¡el dios de Hölderlin! Tras los primeros ascos a las rastas en el Parlamento, llegaron los gritos de bolivarianos, las caceroladas durante dos años, con tres hijos pequeños o las supuestas amantes en cadena –¿de qué político dicen esto, aunque sea mentira?
Iglesias pasó de ser un macho alfa a una rata de alcantarilla: era el precipicio que aguardaba en su oráculo. El político que logró subir el salario mínimo interprofesional y que desnudó a viejos izquierdistas como al emperador del cuento ha acabado deformado como un bicho repugnante.
Su precipicio tuvo un nombre, Galapagar. A partir de ahí todo fue válido, y sus errores políticos se convirtieron en una hoguera en la que a diario ardía toda su familia. Hoy, la schadenfreude –alegría por el mal ajeno– de quienes han celebrado su retirada me hace pensar que Iglesias ya no debe de soñar que vuela porque ya ascendió a los cielos, ¿o no lo es fundar un partido y llevarlo al gobierno? Se ha ido por voluntad propia –ni imputación ni derrota–, y eso, para todos aquellos que lo acusaban de casta y de apego al poder, es más irritante que cualquier victoria.
Simplemente,gracias,Joana. Gracias por hacer un poco de justicia.
Se ha ido el mejor político que teníamos, honrado , buena persona , el mejor parlamentario, les daba a todos cien vueltas, le vamos a echar mucho de menos.
No se merecía tanto insulto , creo que le tenían envidia y miedo porque quería cambiar las cosas y ya no podían robar.
No ha podido hacerlo que quería, aunque ha logrado mucho por los más desfavorecidos y ellos no se lo han agradecido
Es un hombre preparadisimo y no tendrá ningún problema para hacer lo que le guste. Por una parte me alegro de que se haya ido , se merece ser Don Pablo Iglesias y estar bien considerado. Más tranquilo con su mujer y sus hijos.
Mucha suerte D. PABLO IGLESIAS.
Solo espero que no se vaya muy lejos. Gran político, mejor persona. Gracias por tanto.
No me gusta como político, pero el acoso que a sufrido es intolerable.
Se nota que eres profesor de Universidad, se aprende mucho contigo, a pensar y a analizar, y sobre todo ver quién te pone la zancadilla, han sido muy cobardes los opositores, no han sabido manejarte y lo han tenido que hacer por detrás con mentiras. Me recuerdas a Julio Anguita. Un saludo!!!
No son, parece, momentos para la ética ni para la honestidad. Gracias, Pablo.
Gracias por hacernos
Soñar, Recuerda en un
Mundo que miente
Decir la verdad espeligroso