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Zuckerberg o ser joven como tendencia

mark-zuckerberg-and-facebook-galleryEl mensaje de despreocupación formal del creador de Facebook se ha suavizado estos días en Barcelona, acaso tras la compra de WhatsApp. Olvidó sus chanclas playeras en California, e incluso hizo el esfuerzo de enfundarse una sudadera de etiqueta –negra y sin logos– para saludar a los Príncipes; mientras que su esposa, Priscilla Chan, se embozaba una rústica bufanda a cuadros, casi a modo de esas mascarillas antipolución que tanta querencia tienen entre los orientales cuando viajan.

La pasarela del Mobile World Congress dicta una nueva etiqueta: si quieres que te tomen en serio, no lleves traje y corbata; su uso queda restringido a las autoridades (a quien ya casi nadie toma en serio). El nuevo estilo global, surgido de las tierras rojizas y los cubos de cristal de Palo Alto, representa el suspiro que media entre la tecnología y la magia. La que han sabido alumbrar unos muchachos desgarbados que siempre fueron los raros de la clase, nerds y geeks convertidos en magnates de la comunicación que hoy festejan los cumpleaños –como el del flamante socio Jan Koum– con Dom Pérignon. Hace unos meses, la revista Esquire eligió a Mark Zuckerberg uno de los hombres peor vestidos del mundo. “No importa cuanto dinero tengas y cuantos secretos de la gente quepan en la palma de tu mano digital, no puedes aparecer en un evento de etiqueta con camiseta y vaqueros y esperar ser tomado en serio”, sentenciaba. Pero la imparable cotización de sus empresas parece demostrar lo contrario. Es la venganza de los Zuckerberg, Zaryn Dentzel, de Tuenti o Sundar Pichai, de Google.Los tecnogurús no se limitan a dictar un nuevo dress code, sino que transmiten una actitud desacomplejada: solo hace falta observar cómo hablan en público, interpretando sus speechs sin papeles (a años luz de los vacilantes oradores hispánicos) e insistiendo en vender valores con aires naif: “ayudaremos a la gente a comunicarse con sus seres queridos”.

En la última década, los kidults han inundado las avenidas del pulpo terráqueo con tejanos desgastados, zapatillas de diseño, sudaderas con capucha y pantalones. La juventud se ha convertido en tendencia, justo cuando desaparece la hegemonía de las tendencias. Los adolescentes se adultizan al tiempo que los mayores se disfrazan de chavales, azuzados por sus experiencias frente a una pantalla en las que entre el trabajo y el juego solo hay un clic.

Tanto es así, que los censores de la nada se apolillan, mientras los optimistas hurgan en el armario de sus hijos para solventar otro tipo de déficit patrio: la falta de modernidad.

(La Vanguardia)

Publicado en Artículos

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